El grito (Parte I): Las histéricas de Charcot, las brujas y otras místicas

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Gritar: cfr. berrear, chillar, vociferar, rugir, rabiar, aullar, bramar, ulular, mugir, bufar, tronar, gruñir, escandalizar, alborotar, vocear, enciscar, abroncar, abuchear, silbar, patalear, desgañitarse, ladrar, amenazar. 

Las mañanas con niños y niñas suelen ser difíciles: vestirse, desayunar, lavarse la cara y los dientes pueden convertirse en seguida en un drama o en una batalla campal. No tengo un buen despertar. Mi hijo a menudo tampoco lo tiene. La colisión está cantada. El padre postpatriarcal a veces bromea diciendo que debería ponerme un gotero con café para mayor seguridad, porque hasta que no me tomo mi taza de la bendita pócima soy un verdadero desastre.

Esta mañana, tras ponerme a gritar por enésima vez para que el buen hijo se vistiera para ir al colegio, me ha dicho: <<Eres mala. Y fea>>. He estado de acuerdo, en ese momento era mala y fea. Los niños y niñas, siempre tan clarividentes. Después, cuando trataba de domar un poco mi enloquecida melena mañanera ante el espejo, justo antes de abrir la puerta para salir escopeteados hacia el cole, me ha dicho, sonriendo: <<Eres una bruja>>. Casi me muero de la risa. Le he dicho que sí, que tenía razón. La palabra <<bruja>> para mí, como feminista, está llena de sentido.

Hace un tiempo una amiga me contó que su hijo -que tiene la edad del mío-, después de que ella gritara por alguna razón similar a la que a mí me ha impelido esta mañana a ponerme como un basilisco, le espetó: <<No et posis histèrica, mama>> [No te pongas histérica, mamá]. Se quedó de piedra. Debo añadir, en pro del buen hijo, que él no me ha dicho <<No seas bruja, mamá>>, sino <<Eres una bruja>>. No es un dato baladí.

<<Histérica>> es otra palabra importante para el feminismo. <<Brujas>> e <<histéricas>>, dos epítetos larga e históricamente asignados a las mujeres. Uno, de origen medieval; el otro, decimonónico. El primero atañe al orden de lo herético, de lo mágico. El segundo al orden de lo clínico, de lo psiquiátrico. Ambas figuras, tanto la de la histérica como la de la bruja, actúan casi como arquetipos del exceso femenino que se desborda, que se escapa del camino trazado, que se sale de la raya. Tan solo hay que pensar en aquellas tremendas fotografías tomadas en la Salpêtrière, en las que Charcot supo captar (o construir, según se mire) ese aire estupefaciente y excesivo del cuerpo de la histérica: las mujeres con la lengua fuera, contorsionando sus miembros de forma imposible, tocándose los genitales (de hecho, una de las “terapias” victorianas para la histeria implicaba el uso de una especie de dildo mecánico, algo que ha interesado mucho a la teoría queer); mujeres desmelenadas, semi-desnudas, que muestran a menudo una sensualidad salvaje y la actitud de una fiera enjaulada o de una mística en trance, en actitud orgásmica. Piénsese por ejemplo en la puesta en escena de las visiones de Juana de Arco en la magnífica película de Dreyer. Podemos leer ahora esas escenificaciones de los martes en la Salpêtrière (cuando Charcot mostraba a los jóvenes aspirantes a médico a sus histéricas como si se tratara de atracciones de feria), toda esa espectacularización, como una expresión histórica del atávico miedo masculino patriarcal a la fuerza femenina libre. Ese <<no et posis histèrica, mama>> del hijo de mi amiga, para entendernos. ¿Os suena?

Hago esta pregunta por dos motivos. El primero, porque ese miedo, que es una (quizás la más importante) piedra de toque del viejo patriarcado, se conjuga de infinitas formas: <<Contrólate>>, <<No grites>>, <<¿Por qué te pones así?>>, <<No exageres, mujer>> y así hasta el infinito. El segundo motivo es que todo este artefacto simbólico que se ha ido confeccionando desde hace siglos para contener el cuerpo de las mujeres, el cuerpo que habla, ese cuerpo indispensable que habitamos, <<que se obstina en ser>> -como dice Milagros Rivera en un libro precioso-, que constituye un lenguaje en sí mismo (un lenguaje a descifrar por cada una de nosotras), ha calado, se ha introducido como un veneno mortal en la relación que toda mujeres establece con su <<más>>. Ese <<más>> o <<exceso>> que intuimos late en nuestro útero, en nuestra mente, en nuestra alma al fin y al cabo. Una fuerza, una potencia, una pasión (la película de Dreyer se titula, precisamente, La Passion de Jeanne d’Arc [1928]) incontenible, justamente.

El grito, el orgasmo, la sangre menstrual fluyendo libre, la luna llena brillando a lo alto en todo su esplendor y el corte que la bruja realiza en su intervención mágica sobre la realidad son atisbos de esa fuerza primaria. El poema, el salto, la afirmación del ser <<más allá de>> son la sublimación de ese estallido libre. Y es que la libertad es una necesidad básica, podríamos decir que fisiológica de las mujeres (no sé si de los hombres, ellos dirán -aunque intuyo que sí, todo y que de un modo diferente-).

Esta libertad de las brujas, de la histérica de la época victoriana, de una Virginia Woolf que se niega a ser analizada por el mismísimo Freud porque teme que si se lleva sus voces -esas voces que le han dicho que escriba, pero que la dejan postrada en la cama durante largos periodos- ya no podrá seguir creando, es un enigma de vital importancia para nosotras, un síntoma  -en la acepción lacaniana del término- que hay que desentrañar. Y es por eso que cuando el buen hijo me ha dicho esta mañana: <<Eres fea y mala. Eres una bruja>>, le he respondido, serena y muerta de la risa por dentro: <<Sí, es cierto, lo soy>>. Y añado: ser una bruja te puede salvar la vida (que no es poco), pero aprender a hacer alquimia con ese fermento, con ese material, es la raíz del arte. Díganselo, por ejemplo, a una artista tan visionaria y enigmática como fue Remedios Varo. Hablaré de ella en otros posts. Mientras tanto: ¡larga vida a las brujas!

Para saber más:

-Didi-Huberman, George, La invención de la histeria. Charcot y la iconografía de la Salpêtrière, Cátedra, Madrid, 2007.

-Rivera-Garretas, Mª Milagros, El cuerpo indispensable, horas y Horas, Madrid, 1996.

W.I.T.C.H (Conspiración Terrorista Internacional de las Mujeres del Infierno). Comunicados y hechizos, La Felguera, Madrid, 2013.

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Esta entrada fue publicada el 7 noviembre, 2014 a las 11:55 am. Se guardó como Arte de mujeres, Brujería, Libertad femenina, Mística femenina y etiquetado como , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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