Honrar la fuerza femenina en las niñas: más allá de la violencia patriarcal

wpid-forzaCon la resaca del 25 de Noviembre- Día mundial contra la violencia de género

El otro día, mientras mi hijo jugaba detrás de casa con una de sus mejores amigas, la niña se enfadó con él y se lanzó a acometer un intento de estrangulación del atónito vástago, que se zafó como pudo y salió disparado al otro lado de la plaza, berreando como un cordero. Flipo. Le digo a la niña en cuestión que deponga sus intentos de homicidio, ante la mirada desvaída de su madre, que pregunta qué pasa. Le cuento lo que ha pasado y parece no entender. Flipo más aún, pero pienso que quizás tenga un mal día, yo no me haya explicado o tenga una momentánea pérdida de conciencia, así que no insisto. Después entenderé los motivos de su repentina ceguera.

La niña en cuestión, la psychokiller en ciernes, siempre habla con diminutivos que acompaña con una voz atiplada. El buen padre postpatriarcal siempre se ríe de esto, y en la intimidad de nuestra casa se dedica a decirme cosas como: <<Holita ¿me pasas la salecita por favorcito?>>. Hace unos años, en los grupos de autodefensa feminista, aprendí por qué es tan importante aprender a proyectar la voz y saber sacar una firme voz ronca -todo lo que me permite mi metro y medio de estatura, que no es mucho pero suficiente- siempre que sea necesario, y los espectaculares resultados que se obtienen. Cuando oigo a esta niña pienso en este aprendizaje, y me pregunto dónde ha aprendido a sofocar la potencia de su voz, porque solo tiene cuatro años. Es una pregunta un tanto retórica, porque la violencia sexista está por todas partes, y ahora que soy madre soy consciente de hasta qué punto rodea la vida de nuestros niños y niñas, cómo les interpela cada día, en infinidad de formatos.

Mensajes que ya conocemos: no ocupar espacio -no solo físico, tampoco sonoro-, ser dulces -de ahí los diminutivos-, suaves, débiles. Alimentar una mentira a voces. Y da fe de ello la fuerza empleada por la psychokiller a la hora de intentar estrangular al buen hijo. ¿Por qué entonces yo veo una niña fuerte y sus padres ven a una grácil damisela en apuros, y aunque demuestre delante de sus narices que sabe defenderse muy bien sola y que no tiene nada que envidiarle a la Uma Thurman de Kill Bill, no lo ven -literalmente, al menos en el caso que nos ocupa-? En múltiples ocasiones me han contado lo preocupados que están porque la niña, supuestamente, no sepa defenderse (!!), y están muy orgullosos de lo “dulce” que es. Yo veo en esa ceguera una enorme violencia contra las niñas. Aquí quiero separar esta “dulzura” de otra cosa que a veces se confunde y que resume bien la inolvidable frase <<Mrs. Dalloway decided to buy the flowers herself>>, que da inicio a la novela de Woolf y que nos hablará, a través de esa oración que deviene enigmática, de la capacidad civilizadora, de la mediación, de la política de la relación, de la ética del cuidado, del amor por lo bello; de saber hablarle con voz suave y queda al niño, si está asustado o nervioso. Cosas indispensables para la vida, por eso el buen hijo nos sorprendió ayer preguntándole a su padre: <<Papa, jo quan podré ser ‘papa’, quan sigui gran?>>. Porque ha entendido que es algo muy importante. Y es que son cosas distintas. La primera voz tiembla, hay debajo algo que lucha por zafarse, mientras que la segunda, la de la diferencia femenina libre, se proyecta, gozosa. Son movimientos diferentes, aunque las fronteras entre ellos no siempre sean claras, porque no es un camino que se bifurca, sino que más bien hay mucho de entrecruzamiento y  de resignificación, de convertir ese temblor en una danza, de decisión propia, porque es ella, la señora Dalloway, quien <<decided to buy the flowers herself>>. Y sabemos lo necesarias que son las flores -lo digo muy en serio-.

La fuerza de las mujeres aterra al patriarcado. Esa es la verdad. Tiene poderosas razones para temerla. A nosotras mismas a menudo nos da miedo -cada vez menos, eso es innegable-, de modo que no es raro que tratemos inútilmente de adormilarla con distintos métodos, porque un poco como los poderes del personaje de la Elsa de Frozen (el buen hijo me obliga a verla una y otra vez ¡llevamos así un mes!), es necesario aprender a usarla, familiarizarse con ella, conocerla, sentirla como propia… es en el entremujeres, en el conocimiento de nuestra herstory, en el tejido de nuestra genealogía femenina, que aprendemos a alejarnos de esa ceguera que impedía a los padres de la niña ver lo que acababa de suceder, para poder descubrirla, verla en las demás (en nuestras hijas, en nuestras madres, en nuestras amigas), reconocerla, honrarla, acompañar el proceso de autoconocimiento. Esta potencia femenina sigue latiendo, no hay manera de encerrarla ni doblegarla. Todos estos intentos, simplemente, no funcionan. Sucede como con el inconsciente: que se escapa, no logra contener ni retener, hace aguas: los sueños, los lapsus, el arte… Por otro lado no hay que olvidar que a veces ese aparente “disfraz” de la fuerza femenina -la voz atiplada de nuestra amiguita- es una útil estrategia de supervivencia. Pero hay que estar atentas para no confundir el disfraz con la piel que se oculta debajo y nos permite sentir.

Le recuerdo a menudo al buen hijo, cuando se tercia (y el padre postpatriarcal también lo hace), la fuerza femenina. Hasta el punto que es él, el chaval, quien me sorprende de nuevo el otro día diciendo: <<Les nenes són moolt fortes>>. Lo sabe de buena tinta, y abre los ojos de par en par para decirlo, entre admirado y un poco molesto. Creo firmemente que el respeto por esa fuerza femenina sea uno de los ingredientes para la felicidad de niños y niñas, de hombres y mujeres, para lograr un mundo libre de violencia patriarcal. Aunque espero también que la próxima vez que la amiga de mi cachorrito decida utilizar la suya no sea en forma de estrangulación. En todo caso estoy segura de que ella también, el día de mañana, <<will decide to buy the flowers herself>>.

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Esta entrada fue publicada el 25 noviembre, 2014 a las 2:06 pm. Se guardó como Autodefensa, Binarismo de género, Familias postpatriarcales, Fuerza femenina, Libertad femenina, Violencia patriarcal y etiquetado como , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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