Ser dos, el descubrimiento de una nueva economía

Exploración de las fuentes del río Orinoco, (1959), Remedios Varo

Exploración de las fuentes del río Orinoco, (1959), Remedios Varo

Entrando en fase premenstrual. Hace tres meses que no escribía. Hoy quería contaros algo, un dato aparentemente sin importancia, pero que bajo el influjo de mi bruja adopta tintes alquímicos, resumen de un periplo que empezó hace cuatro años y treinta y seis semanas y media.

He descolgado todos los cuadros de la habitación. Han dejado una marca, su contorno marronáceo por el polvo acumulado durante décadas y a la vista, dentro del recuadro, el tono original de la estancia: azul pálido. He dejado de vivir en el formato de familia nuclear heterosexual para vivir de un modo más “anticuado”, por decirlo así; ahora, en la misma casa, hay cuatro generaciones distintas. La gente, cuando lo decimos, nos mira como si estuviéramos locos. La locura es siempre aire, un intento de respirar a pesar de todo. Lo digo muchas veces en el blog y no me importa repetirlo.

No es fácil. La casa está llena de metáforas y a ratos resulta muy apabullante no hallar ni un solo espacio vacío para crear algo nuevo, aunque no sea mejor que lo anterior. Por eso he dudado entre esta pintura de Varo y otra que llamó Mimetismo, de 1960. Hay que recabar la fuerza para sacar la cabeza del agua y respirar. Hace muchos años que sueño con piscinas, inundaciones, ciclones, lagos. El sueño que hice justo antes de quedarme embarazada del buen hijo fue el de una pecera con un pequeño pececito naranja dentro. En este caso el agua era clara, el dulce goldfish se metamorfoseaba en un pez monstruoso. (Escribo esto no sin cierto pudor, para ir abriendo camino más allá de las narrativas edulcoradas que se nos ofrecen de la maternidad -que ya sabéis que es una de las aspiraciones de este espacio-, un poco con el ánimo con el que Doris Lessing publicó esa magnífica metáfora que es El quinto hijo, sin duda de sus novelas más valientes. Y es que en la maternidad, como en todos los demás aspectos de nuestra vida, el patriarcado nos querría niñas eternas, de ahí el relato hegemónico de anuncio de Dodot que algunas revisiones pseudo-liberadoras de la crianza en cierto modo desempolvan, la negación de la dimensión sexual de la maternidad, la falta de lugar para decir lo que <<se sale de madre>> y la mala madre que todas somos -y menos mal que lo somos, señal de que Caperucita aún le lleva la delantera al Lobo-).

Siguiendo con lo que decía… En mis pesadillas el agua estancada, el agua amenazadora y siempre turbia suele albergar animales marinos de gran tamaño: tiburones, ballenas, peces-espada y enormes pulpos pre-históricos. Me estoy ahogando, buceo o estoy perdida, hace mucho calor y todo desprende vapor, un tono pesado y asfixiante. El último sueño de esta serie era distinto. En él, por fin, había un horizonte, al final de una especie de esplanada de albercas con aspecto de piscifactoría. La “trama” del sueño era que no encontraba el itinerario para llegar hasta allí, hasta el horizonte, a campo abierto, donde llegué a atisbar algo así como una autopista. No había un camino que cruzara las psicinas, ninguna plataforma. De modo que tendría que inventarme una vía, una forma de atravesarlas. Un pasaje propio. En cierto modo, era como un acertijo. La maternidad para mí ha traído consigo desde el principio un valor de desafío.

Desde que llegué aquí, a esta casa abotargada por los recuerdos, que la sensación de estar ante una realidad enigmática acompaña todos mis gestos y mis huidas. Me resulta tremendamente difícil escribir sobre ello porque me estoy dedicando a observar, y es que todo me resulta literario (bueno, esto no es raro, siempre ha sido así). Observar, explorar, husmear e investigar también es escribir. Mi diario está lleno de cuentas, que desde que nació mi hijo se ha convertido en una especie de lenguaje paralelo, bajo la forma de la economía doméstica. Y no es extraño, puesto de que de lo que estoy hablando es de cuestiones económicas. De ramos de flores y de los criados que hay que pagar, señora Dalloway. Todo este asunto de la casa también forma parte de ese aspecto, en un sentido mucho menos evidente de lo que pueda parecer.  Por eso las filas de números, de sumas, restas, divisiones… no solo por las dificultades y equilibrismos para sufragar los gastos, las facturas, sino para hablar de cómo sostenerse. Porque la maternidad pone en el centro la cuestión del sostenimiento de la vida, cuyos recursos necesarios siempre deben conjugarse, cuando van más allá de lo estrictamente material -cosa que deben hacer-, en primera persona y en singular.

Una de las “tramas” a las que me ha enfrentado el nacimiento de mi hijo (las criaturas para la madre no van con un pan bajo el brazo, sino con una multitud de tramas, nudos que una siente que debe deshacer para poder estar) es la de la economía de la vida, que no solo tiene que ver con el dinero, aunque también puede adoptar esa forma.
Una fábula que me obsesiona es la de la cigarra y la hormiga, desde hace décadas; entiendo que su significado no se me ha desvelado hasta ahora -de ahí la obsesión-. Creo que antes de tener al buen hijo era más una cigarra (haciendo inversiones a diestro y siniestro, apasionada por todo y sin medida), y lo que estoy haciendo es aprender a ser un poquito más hormiga. Me he vuelto conservadora con mis pasiones. Solo ahora me doy cuenta de que es muy importante tener en cuenta que la hormiga, a diferencia de la cigarra, funciona en grupo, por decirlo así. Y es que a mí el ser dos -en el sentido indicado por Irigaray-, me ha traído perspectiva, me ha alejado un poco del narcisismo -aunque por suerte no del todo- y me ha arrojado a la necesidad de otro concepto de la pasión, más “victoriano” y mucho menos romántico. Si agoto las existencias no solo sufro yo, que ya me apaño, sino que sufre mi pececito también. Y no porque quiera evitarle el sufrimiento (que también), sino porque si él sufre, sufrimos todos de forma exponencial. A eso me refiero cuando hablo de “economía”. El complejo sistema de variables y azarosas consecuencias de nuestras pasiones. Una mesa de billar, con todas sus parábolas.

Tal vez sea por eso que en mi último sueño, por primera vez, se veía un horizonte. Una fina línea azul que es esa perspectiva de la que hablaba. El saber que lo que ponemos alrededor de las criaturas es como la tierra con la que cuenta una planta. Es un hecho tremendo. Una realidad que si no fuera por saber que, hagas lo que hagas, lo harás mal, podría llegar a aplastarte. Por eso cuando el buen hijo se enfada y me dispara con la horrible pistola que una de sus abuelas le regaló sin consultarnos antes (y que lleva en la bandolera que cuelga del cochecito con el que pasea a sus muñecas, junto al chupete y los biberones, como una especie de pequeño marujo asesino), finjo con mucho gusto que me muero. Es crucial hallar medios simbólicos de matar a la madre que también atiendan a la economía. Es decir: que no impliquen mancharse las manos de sangre si es que no se quiere tener que dedicar después largo tiempo a limpiar. Este es un buen ejemplo de esta nueva manera de hacer economía. Y es que a mí la pistola de juguete me parece muy mal, es más, ¡estoy en contra! y a la vez la he aceptado en este caso en concreto, para favorecer un asesinato pulcro y que sea vivible. La maternidad a menudo aboca a este tipo de contradicciones -o al menos a mí me ha sucedido así-. Te obliga a la apertura si es que quieres seguir con vida. Como se trata de la vida digo que es una apertura radical.

Radical como lo es el reto de apañárselas con la economía: cuándo salir y cuándo entrar, qué margen de equivocación hay en este o en aquel otro aspecto, cómo seguir buceando y cuándo salir a la superfície a respirar, qué sacrificar y qué conservar. Descolgar los cuadros sabiendo que vas a tener que pintar para tratar de disimular la huella que han dejado, con la conciencia de que nunca se borrará del todo. Y lo que es de vital importancia: no por calcular dejar de escribir con palabras. No dejar que el tenso arco de los números engulla la flecha. Por eso descolgar los cuadros forma parte de una búsqueda: descubrir bajo el recuadro inmaculado un lugar desde donde poder escribir una economía movida por lo poético, que es lo único que salva. Mi secreta forma de respirar, escondida bajo los enigmáticos lienzos de la casa familiar; a ratos una telaraña, a otros un pasaje al horizonte, si sabes calcular la parábola que pueda preservar intacta la distancia insalvable entre el objeto y su metáfora y que nos separa del régimen de la metonímia, del recuadro -y es que es básico no cuadrar nunca del todo-.  De eso habla, por ejemplo, el conjunto de la obra de Jane Austen, especialmente Sense and sensibility (1811) -recuérdese que ese <<sense>> no es sentido, sino sensatez, medida-. Lilliana Rampello ahonda en estas y otras lecturas similares de la obra de Austen en su último ensayo: Sei romanzi perfetti (cit. debajo); una delicia.

De modo que: ¿Cuáles son los equilibrismos que os inventáis vosotras? ¿Qué lenguajes? ¿Cómo ha modificado o modificó la maternidad, la capacidad de ser dos o la conciencia de la condición relacional de la vida vuestra perspectiva y manejo de la economía? ¿Es posible trascender, desde la reflexión feminista y desde la experiencia del Orden Simbólico de la Madre la reduccionista visión de la economía capitalista para dar impulso a una nueva manera de vivir lo económico que tenga en cuenta las limitaciones, los deseos, nuestra humanidad, en última instancia, y por tanto que sea más veraz, más vivible?

Para saber más:

-Os animo a conocer un poco más la enigmática obra de Remedios Varo, podéis visitar algunas de sus pinturas en http://remedios-varo.com/

-AA. VV., El doble sí: trabajo y maternidad, Madrid, Horas y HORAS, 2011.

-MURARO, Luisa, Maglia e uncinetto. Racconto linguistico-politico sulla inimicizia tra metafora e metonimia, Roma, manifestolibri, 2004.

-RAMPELLO, Lilliana, Sei romanzi perfetti. Su Jane Austen, Bologna, Il Saggiattore, 2014.

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Esta entrada fue publicada el 10 marzo, 2015 a las 1:45 pm. Se guardó como Agua, Alquimia, Brujería, Ciclo menstrual, Escritura, Locura, Maternidad, Otra economía y etiquetado como , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

6 pensamientos en “Ser dos, el descubrimiento de una nueva economía

  1. Àngela en dijo:

    Déu n’hi do com se t’enyorava.
    Sempre és un plaer llegir-te 🙂

  2. Gràcies Sara. He rigut molt I m’has fet pensar com em manego jo amb la meva economia.

  3. Aquesta història es un exemple, que a pesar de l’esforç i dedicació es pot aconseguir tot el que un@ desitja!

    Cuento de las Ranitas, de Jorge Bucay:
    Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata.
    Inmediatamente sintieron que se hundían; era imposible nadar o flotar mucho tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente pero era inútil, sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sintieron que cada vez era más difícil salir a la superficie a respirar.
    Una de ellas dijo en voz alta:
    – No puedo más. Es imposible salir de aquí, esta materia no es para nadar. Ya que voy a morir, no veo para qué prolongar este dolor. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril.

    Y dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapídez siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.
    La otra rana, más persistente o quizás más tozuda, se dijo:
    – No hay caso! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quisiera morir un segundo antes de que llegue mi hora.
    Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar un centímetro. Horas y horas!
    De pronto … de tanto patalear y agitar, agitar y patalear…la nata, se transformó en mantequilla.
    La rana sorprendida dio un salto y patinando llegó hasta el borde del pote.
    Desde allí, sólo le quedaba ir croando alegremente de regreso a casa.”

    • Gràcies pel conte de Bucay, he rigut molt! És cert que quan t’esforces per aconseguir alguna cosa és fàcil tenir moments en que et sembla no veure l’horitzó, sort dels ponts que construïm per arribar a l’altre costat 😉 Una abraçada!

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